… y no jodemos más!

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Bueno, treatment termino con la serie de notas que quería compartir para reflejar un momento inolvidable. Esta es de La Nación, que le coloca “Excelente”. Con esta nota se termina de digerir la bola del viernes 4.

Cali

Las canciones del capitán Spinetta

En un recital de más de cinco horas, con invitados de lujo, demostró su fabulosa estatura artística y recorrió su historia en cincuenta temas

Domingo 6 de diciembre de 2009 | La Nación

Calificación LA NACION:

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Con un humor envidiable, ampoule y sin rastros de cansancio, Spinetta hasta se burló de sí mismo Foto: LA NACION / Soledad Aznarez

Spinetta y las bandas eternas. Recital de Luis Alberto Spinetta e invitados. Anteayer, en el estadio de Vélez Sarsfield. Nuestra opinión: Excelente

Esto no debería ser una simple crítica de rock. Esto debe intentar ser el registro de una acontecimiento extraordinario. Extraordinario en cuanto hecho creativo: pocas veces se tiene la oportunidad de ver desplegada de esta forma, la carrera de un gran artista; 40 años de la música y la inspiración de Spinetta compilados en cincuenta temas, durante las cinco horas y media de un show sin retaceos. Pura entrega, pura generosidad; no sólo en cuanto al repertorio elegido, sino también en el reconocimiento plagado de adjetivos elogiosos a los muchos invitados que, a lo largo de la noche, fueron acompañando a Spinetta en este recorrido sin tregua.

Extrordinario también, porque no se recuerda un recital tan largo, en el que un solo y mismo artista se mantenga allí, de pie e impecable en todo sentido. Anfitrión perfecto, con un humor, su humor, impecable y renacido.

Extraordinario también en un sentido colectivo; porque casi 40 mil personas escucharon con atención, vibraron con intensidad y supieron devolver en aplauso tanta generosidad sobre el escenario.

Es que Spinetta se plantó allí, en el escenario, dispuesto a la entrega total. Feliz de hacerlo. Spinetta, su guitarra y su voz, y los muchos que se sumaron. Por un lado, lo que sería la banda-base de la noche: Guillermo Vadalá en guitarra, Nerina Nicotra en bajo, Sergio Verdinelli en batería y Claudio Cardone en teclados, con los que recorrió buena parte de la primera mitad del show, en la que hubo Jade, temas solistas y composiciones ajenas.

Sólo alcanza para entender la dimensión del hecho, del hecho artístico, con nombrar algunas de las imágenes que parecen casi de sueño. El y Rapoport convirtiendo la fragilidad en belleza con “Ella también”; el comienzo de “Cementerio Club” con la emoción que corre de piel en piel al escuchar ese “justo que pensaba en vos, caí muerto”; las bellísimas versiones que iluminan con luz nueva a “Mariposas de madera”, a “El rey lloró”, al rock total de “Adonde está la libertad”, con Juanse en voz y Pappo en el alma. El “Asilo en tu corazón”, con Páez; el “Bajan” con Cerati; el “Rezo por vos” con Charly.

“Ella también” (1982

Luego fue el tiempo de las bandas. Socios primeros. Y tras ellos, tres increíbles, mágicos momentos; como en un hechizo triplicado se corporiza primero Invisible para rasgar la noche con el rock feroz y complejo de “Jugo de lúcuma” y “Lo que nos ocupa” y más; luego Pescado Rabioso, y un público asombrado, incrédulo, transfigurado, asiste a esta magia que gambetea al tiempo y devuelve temas que no le habíamos escuchado por años; y, por fin, Almendra, los cuatro intactos Almendra, que pasan por “Fermín”, por “A estos hombres tristes” y finalizan, cuatro voces, una guitarra, con los versos y coros de “Muchacha”.

Algunos cuentan que vieron una estrella fugaz. Hay gente grande que llora y jóvenes estremecidos. Es que todo fue más que lo que se esperaba. Y la confirmación, la tranquilidad, de que no se trataba de nostalgia o recuerdo, sino del placer de hacer música, del placer de dar música. Spinetta, en estado de gracia. Ahora todos esperaremos ansiosos el nuevo disco de Spinetta. Mañana es aún mejor.

Adriana Franco

Apostillas

Conciencia. Spinetta dedicó el final del concierto a recordar el trabajo de Conduciendo a Conciencia. Además de tocar el tema “8 de octubre”, con Mollo en guitarra, al cerrar el show, él y todos los músicos se pusieron una remera alusiva. El Flaco aprovechó para quejarse de que la Rolling Stone , en la foto de tapa, oscureció la leyenda de la remera.

Sin vendedores. No hubo en el estadio los habituales vendedores ambulantes, que vocean gaseosas o comidas, y perturban la escucha. Claro que, una vez en la calle, casi a las 4 de la madrugada, todos desesperaban por algo.

Pregunta. “¿Dónde estabas en los 70?”, le preguntaba un joven de no más de 20, a su padre taxista que, generoso, había ido a buscarlo. Con T-Rex sonando en el autostereo, el hombre trataba de explicar por qué tenía tantos vinilos de Pink Floyd y Led Zeppelin y tan poco de rock local.

l”Credulidad” (1973)


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