“Los gobiernos no tienen idea de lo que firmaron en el Acuerdo de París”

Juan Carlos Villalonga (ex Greenpeace) conformó Los Verdes en 2011 con la vocación de participar en la política partidaria. El año pasado fue electo Diputado Nacional por Cambiemos. Amplia entrevista con EL DIARIO.

 

Juan Carlos Villalonga fue miembro encumbrado de Greenpeace durante 16 años. En 2011 decidió dejar esa organización para conformar Los Verdes, un partido con pretensiones de ser parte de las políticas estatales. En ese marco, en 2013 ingresó al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. “Fue un desafío dar el salto a la gestión pública. En términos ideológicos fue muy desafiante”, dijo al respecto el ecologista. El año pasado fue electo diputado nacional por el Frente Cambiemos.
Sobre su decisión política, sostuvo que “el PRO tiene una impronta republicana, democrática y, sobre todo, una componente de innovación y de gente joven que a mi me resulta muy atractiva” y agregó que “después de los dos años de gestión de la que me siento conforme, en 2015 la disyuntiva para Los Verdes estuvo muy clara. En ese momento, apostamos a construir en ese espacio que todavía no era Cambiemos. Teníamos la convicción de que alrededor de la candidatura de Mauricio Macri podía generarse un polo republicano que marcase una diferencia a lo que venía siendo la Argentina en los últimos años. Veíamos que con el kirchnerismo la agenda ambiental estaba vedada. Hablar de otra matriz energética era imposible porque no había posibilidad de nuevos actores y la mirada era totalmente retrógrada”.
La semana pasada, Villalonga pasó por Paraná para dar una charla, organizada por la subsecretaría de Ambiente del Municipio, sobre cambio climático. La oportunidad fue propicia para mantener un diálogo con EL DIARIO sobre las principales cuestiones ambientales, el acuerdo firmado en París, el modelo energético, agropecuario y minero, y las contradicciones del actual gobierno.

— En relación al cambio climático, ¿qué políticas se pueden pensar a nivel local, en una ciudad como Paraná, sobre esta cuestión de dimensiones globales?
— Primero que nada hay que ser conscientes de que nadie puede escaparse o salir indemne del cambio climático. El camino en que estamos yendo nos conduce a una suba de la temperatura entre tres y cuatro grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Eso significa una disrupción generalizada de todos los ecosistemas y una ruptura en los sistemas productivos de alimentos y fuentes de agua potable. El cambio climático nos pone en un desafío como ningún otro. No hay posibilidades de un abordaje global si eso no se traslada a niveles regionales, nacionales, locales e individuales. El primer gran paso fue la firma del Acuerdo de París a finales del año pasado. Por primera vez tenemos un pacto global que involucra a todos países con el objetivo de que el aumento de la temperatura no sea más que de dos grados. Es inmenso lo que hay que hacer a nivel internacional. Tenemos que cerrar la era del petróleo. No hay chance para otra cosa. Toda la generación de energía eléctrica no tiene que tener emisiones y prácticamente la totalidad del transporte en 2050 tendrá que ser eléctrico. El petróleo tendrá que quedar reducido a algún fragmento del sector de aeronavegación, marítimo y la petroquímica. Eso significa que el mundo tal cual lo conocemos en términos económicos dejará de ser lo que es hasta el día de hoy. El Acuerdo de París dice que después de 2050 las emisiones tendrán que ser igual a cero para estar en el escenario de los 2º C. Los gobiernos no tienen la menor idea de lo que han firmado. Este es el debate político y económico de mayor voltaje que vamos a tener en los próximos años. Hoy Argentina emite tanto como Francia o Italia y a partir de ahora va a tener obligaciones. De los 195 países ocupa el puesto 21. En términos, per capita, un argentino emite más que un europeo promedio. No podemos mirar para otro lado. Esto implica cómo consumimos la energía, los alimentos y cómo nos transportamos. En este sentido, las ciudades tienen mucho para hacer porque el 75% de las emisiones se producen en las urbes. Una buena gestión de la energía, del transporte, de los residuos es clave. Cada uno de estos cambios lleva a cambios de actitudes individuales. Nunca antes la humanidad se vio enfrentada a generar semejante cambio en tan poco tiempo.

— Siguiendo lo planteado ¿Cómo evalúa el modelo agropecuario vigente caracterizado, por ejemplo, por la soja y el feedlot?
— Hablar de estos temas tiene una doble complicación: por un lado, los cambios tecnológicos y, por otro, los sociales, culturales y de conducta. Éstos últimos son los más difíciles. Creo que el cambio climático desde un punto de vista tecnológico es factible de encarar. Lo dificultoso es transformar la matriz productiva en, por ejemplo, la producción de alimentos. No solamente se trata del cambio de una maquinaria sino que, de repente, vamos a tener que disminuir la dieta de carne. Lo mismo le pasa a países que tienen enorme consumo de arroz por la emisión de metano de las arroceras. El caso de la soja en Argentina incrementó las emisiones de óxido de nitrógeno por el tipo de productos químicos que se utilizan. La pequeña ventaja es que la siembra directa al tener menor intensidad de labranza disminuyó el uso de combustible. De todos modos, el campo en general va a tener que mirar muy finamente sus números porque junto con la forestación van a tener que darnos las emisiones negativas porque hay otros sectores como el de la industria que es muy difícil que puedan ir a emisiones cero.

— Uno de los temas más preocupantes de la actualidad es el derrame de cianuro en las minas a cielo abierto, ¿cuál es su visión al respecto?
— Yo espero que el sector minero baje el copete porque es un sector muy fundamentalista que soslaya la opinión pública y los riesgos.

— Difícilmente lo hagan por voluntad propia…
— El Estado tiene que ponerse los pantalones largos y hacer que la minería esté completamente en caja. Primero hay que reconocer las leyes y a aquellas provincias que han decidido prohibir la minería. La razón es que estas jurisdicciones lo han hecho por las vías del debate público. Equivocadamente o no, lo hicieron mirando el comportamiento del sector minero y en legítima defensa. La manera que puede existir la minería es acoplándose a las normas vigentes. La ley de glaciares es absolutamente necesaria porque hacia el norte de Cuyo los glaciares son claves para el suministro de agua y están bajo pena de muerte por el cambio climático. Todas las intervenciones que se hacen allí aceleran el proceso de deterioro. Un mínimo criterio para el ordenamiento ambiental implica no tocar los glaciares.

— ¿Qué proyecto legislativo le interesa impulsar?
— Ahora que se ha puesto en marcha la energía renovable a gran escala, en el mercado eléctrico mayorista, va a ser el gran boom de estos cuatro años. La gran novedad en términos de inversiones para generar un nuevo sector industrial es el sector de las renovables. El segundo movimiento será el de las distribuidas, es decir, las que están del lado de la demanda. Esto responde a parte de lo que las ciudades tienen que hacer. Todas las superficies soleadas puedan convertirse en generadores de energía. Para dar una idea, Alemania tiene 40 mil mega de potencia solar en techos de casas y edificios. Argentina en todo su sistema eléctrico, con sus plantas nucleares, represas, etc., suma 33 mil. A eso hay que agregar que Alemania no tiene sol. Algo que acabo de presentar es la prohibición de las lámparas alógenas para fines de 2017. En 2009 logramos la prohibición de las incandescentes. Ahora estamos en condiciones de sacar las alógenas que son muy consumidoras de energía. Por eso, Argentina necesitaba tomar en 2015 una decisión electoral que lo llevara a la realidad. Esto significa que comencemos a transparentar lo que cuesta la energía. No estoy defendiendo que se haga mal un “tarifazo” pero está claro que tenemos que ir a un punto en el cual está todo el mundo. Ahora, con otros precios, comienza a ser sensato hablar de eficiencia energética. A un particular le va a convenir cambiar una lámpara y a un industrial le va a convenir cambiar una caldera por un sistema más eficiente. Antes, eran cambios que no tenían sentido si el gas o la energía estaban regalados. Creo que ahora podemos discutir estas cosas más abiertamente. Venimos de un gobierno que negaba el cambio climático y jugaba en las negociaciones internacionales con un pequeño grupo de países que obstaculizaba sistemáticamente el avance de las negociaciones. Cristina decía que las renovables eran un tema muy chic. Desde una óptica verde era importante el cambio donde la agenda pueda ser discutida.

— ¿Considera que un gobierno cuyo ministro energía era accionista de Shell y cuyo ministro de Ambiente dice que no tiene conocimientos técnicos sobre la materia puede abordar estos temas tal cual lo expone?
— Yo creo que es un gobierno que tiene los atributos básicos y necesarios para que este debate se pueda dar. No quiere decir que no tengamos contradicciones y que los problemas estén resueltos. El ministro Aranguren a pesar de venir de donde viene no tuvo ningún empacho en decir que la energía eólica es más barata que producir energía con Vaca Muerta (yacimiento petrolífero). Eso es empezar a hablar en serio de los temas. En ese ministerio saben perfectamente bien que cada vatio generado por cualquier fuente renovable es hoy la manera más barata de producir energía, cosa que antes se ocultaba. No quiere decir que por reconocer o verbalizar los problemas se solucionen pero es la condición mínima necesaria. Este es un gobierno que tiene la enorme complejidad de producir los cambios que mencioné y al mismo tiempo atender a una Argentina que necesita inversiones y generar empleo desesperadamente. Cuando esto sucede, se buscan todas las inversiones las buenas y las malas. Ahí viene la discusión. Bienvenido ese debate. Yo quiero ser parte de eso.

AGROQUÍMICOS. En relación a los herbicidas utilizados en el campo, Villalonga dijo que “la preocupación que genera su uso es un dato importante porque surge de poblaciones que económicamente dependen de la agricultura. Esto es lo llamativo de los últimos años. Esa preocupación puede expresarse técnicamente bien o mal, en todo caso hay que hacerse cargo que el sector productivo y el sector científico nunca dieron una respuesta convincente. Hemos tenido un INTA que en estos temas ha hablado acorde al gobierno. Cuando existen organismos técnicos amordazados es lógico que la gente no le crea. Revertir eso va a llevar tiempo. Hay que desandar un camino de un Estado que ha sido desastroso. La gente no nos va a creer porque digamos que ahora estamos haciendo las cosas bien. Venimos con un descrédito de muchos años. Yo pregono la paciencia para reconstruir la confianza”.

ENERGÍA. En vistas al cambio de la matriz energética, Villalonga evalúa que el desafío tecnológico es administrable. Sin embargo, considera que lo más complejo de abordar son los enclaves y las economías regionales altamente dependientes de hidrocarburos. “Este es el desafío mayor. Por eso, uno mira países como Noruega que han hecho un fondo para reconvertir su economía. Este mismo movimiento se está dando en los países árabes que ya comenzaron a pensar en una economía pospetróleo. ¿Quién está pensando esto en Argentina si se nos sigue cayendo la baba por Vaca Muerta? Se nos llena la boca diciendo que tenemos hidrocarburos para 300 años. La industria sabe que si se respetan los dos grados acordados en París, las dos terceras partes del petróleo en explotación nunca las vamos a poder quemar. El mayor desafío es civilizatorio” concluyó.

Franco Giorda para eldiario.com.ar
02 Octubre 2016
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