Campo energético

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Los biocombustibles resurgen como alternativa de producción sustentable. Algunas claves que propician oportunidades de negocios.

 

En el último mes hubo una notable vuelta de los biocombustibles al centro de la escena, que tiñó de sepia la discusión sobre una supuesta disyuntiva entre la producción de alimentos y las energías de origen agropecuario. Cada vez más se ve el asunto como una oportunidad sinérgica, de proyecciones abiertas.

Dos hechos de relieve internacional, como la liberación de barreras paraarancelarias al biodiesel argentino por parte de una corte judicial de la Unión Europea, y la realización en Buenos Aires de la segunda Conferencia Panamericana sobre Sustentabilidad en Biocombustibles y Bioenergía, que congregó a los principales expertos del continente americano en estos tipos de energías alternativas, abonaron la situación. En la misma semana, un tercer factor también jugó a favor: en el foro “Mini Davos” organizado por el Gobierno nacional para atraer inversiones internacionales, las energías renovables fue uno de los rubros destacados.

Con todo, el resurgimiento del cultivo del maíz tras la quita de retenciones y el aumento del corte obligatorio con etanol de caña de azúcar, que llevó a un 12% la participación bioenergética en los surtidores nafteros, son parte de los pasos sin prisa pero sin pausa que se siguen dando para agregar valor a la producción agropecuaria.

Estas circunstancias puntuales están enmarcadas por las posibilidades técnico agronómicas que evitan considerar a los usos de la cosecha como excluyentes y también por el contexto mundial de creciente preocupación por el cuidado del ambiente y la mitigación del cambio climático. En ese sentido hubo otro hecho en septiembre: la primera medición real de emisión de gases efecto invernadero que se realiza en la Argentina. Es un estudio de la huella de carbono en la cadena de valor de cuatro productos: maíz convencional, maíz flint, almidón de maíz y bioetanol, presentado por Maizar.

Así las cosas, el horizonte parece volver a abrirse para este rubro, en línea con las expectativas que despertó a principios de siglo. Vale tener en cuenta que el complejo de plantas de crushing montado a la vera del Río Paraná, alrededor de Rosario, es uno de los clusters más importantes que se ha desarrollado en la Argentina en el último tiempo, y todavía tiene mucho para dar.

En ese sentido, el presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles, Luis Zubizarreta, opinó que “el fallo de la EU es contundente y el impacto va a ser fuerte. La Argentina tiene capacidad ociosa importante para producir biodiesel”, por las instalaciones y la materia prima disponible. “Confiamos en que pronto se va a reabrir el mercado y que vamos a volver a proveer a un cliente tan importante como Europa”, afirmó.

Además, prolifera en todo el país la instalación de plantas de extrusión y prensado de cereales y oleaginosas, a pequeña y mediana escala, como una alternativa de agregación de valor, especialmente en las zonas más alejadas de los puertos, para morigerar el impacto de los fletes.

En relación a ello, el subsecretario de Bioindustria del ministerio de Agroindustria, Mariano Lechardoy, destaca que ya hay instaladas 450 extrusoras en más de 10 provincias argentinas, lo cual es muy importante para potenciar una matriz energética distribuida. Explica Lechardoy que frente a la producción de combustibles fósiles concentrada obligatoriamente en 4 provincias, los cultivos con utilidad energética podrían, no sólo agregar valor y desarrollo local, sino también propiciar la instalación de mini- destilerías en distintas zonas del país, que mejoraría la eficiencia energética a largo plazo.

De la crisis a la oportunidad

Uno de los principales actores en esta historia es el ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren, que fue participante central de la referida Conferencia Panamericana, organizada por sus colegas ingenieros químicos, argentinos y estadoudinenses, junto a la Red de Coordinación en Investigación de EE.UU. (RCN, por sus siglas en inglés) y el apoyo de la National Science Foundation. No fue un evento agropecuario, aunque uno de sus impulsores fue Jorge Hilbert, especialista del INTA en la materia.

Allí, Aranguren, habló de “seguridad energética desde el punto de vista de tener fuentes diversificadas, accesibles y a precios razonables”, en momentos que protagonizada los noticieros a raíz de la discusión por las tarifas de los servicios públicos y las audiencias públicas sobre el tema.

El ministro puso en consideración cuál es el impacto que la matriz energética tiene en la casa de todos, en el ambiente, en la naturaleza, pero seguramente también estaba apostando a propiciar nuevas oportunidades en medio de la crisis, que lo llevó incluso ese mismo día a anunciar la venta de sus acciones de Shell para continuar en el cargo…

“Debemos pensar en una matriz distinta a la que tiene hoy Argentina donde alrededor del 54 por ciento está dominado por el gas natural, y el 33 por ciento por el petróleo y sus derivados; lo que hace que aproximadamente el 87 por ciento de la matriz sea energía no renovable, que por otra parte hoy está a precios muy bajos en todo el mundo. La biomasa y el biogás forman parte de lo que llamamos energía renovable. El desafío ese lograr desarrollos masivos en este tipo de energías y estoy hablando de hacer uso como una fuente regular de energía“.

Al respecto, se refirió a la posibilidad de ampliar en un futuro el corte de bioetanol en la nafta, para elevarlo al 25 por ciento. Asimismo, consideró que es posible incorporar la tecnología Flex, como en Brasil, que permitiría a los automóviles funcionar indistintamente con nafta o alcohol.

Ante una consulta de CHACRA sobre el cálculo de la estructura de costos energéticos, Aranguren aseguró que “todo se tiene en cuenta, no solamente la variable costos sino también el mayor o menor impacto ambiental. No tenemos que enmascarar los impactos negativos o positivos que puedan tener los distintos usos energéticos que conforman una matriz energética”.

En ese sentido, especialistas como Jaime Moragues, de la Asociación Argentina de Energías Renovables y Ambiente (ASADE) y el diputado nacional Juan Carlos Villalonga (Cambiemos-CABA), ex líder de Greenpeace en Argentina, coinciden en que muchas veces se dejan relegados a los biocombustibles porque no se computan algunos gastos que se realizan desde lo público para subsidiar otras fuentes de energía.

Como para tener en cuenta al respecto, cálculos privados estiman que el biodiesel producido en establecimientos propios están en un costo promedio a la mitad de valor de lo que vale el gasoil en los mercados tradicionales.

13 Octubre 2016

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